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Un siniestro goteo de muertes y agresiones sembró el escenario de las luchas antifascistas.

Un siniestro goteo de muertes y agresiones sembró el escenario de las luchas antifascistas.

 

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Texto : Manuel Blanco Chivite

Se ha dicho que el tardo-franquismo fue aperturista y, ciertamente, algo de eso hubo. Los contactos de diversas personalidades del régimen con sectores de la llamada oposición (PCE, PSOE, nacionalismos varios) y cierta manga ancha bien calculada según para quién, auguraban los pactos de gran calado a que el franquismo ya evolucionado llevó a la citada oposición al objeto de fundamentar la transición democrática basada en la Monarquía pergeñada por el dictador.

Pero esto fue tan solo una de las caras de la moneda. Durante los años 70-75 la represión (y vamos a atenernos exclusivamente a la represión sangrienta) vivió un nuevo auge. Un siniestro goteo de muertes y agresiones sembró el escenario de las luchas antifascistas.

En los años de referencia, y sin contar los cinco fusilamientos de septiembre del 75, la represión política asesinó a unas cincuenta (50) personas.

En esta cifra no incluimos, por no existir una información contrastada debido a la censura de la época, algunas de las personas asesinadas en los controles policiales, de los que raramente se informaba, ni de algunas de las muertes producidas por las malas condiciones y los apaleamientos en las cárceles.

Las incluidas en nuestro recuento, a excepción de las que en el mismo así se señalan, aparecieron en la prensa contemporánea a los hechos; quiere esto decir que se trataba de informaciones que transcribían, sin apenas alteración, las notas oficiales de los propios cuerpos de seguridad del Estado, por lo que las circunstancias reales de los asesinatos sólo podían llegar a saberse a través de las publicaciones clandestinas que recogían, cuando esto era posible, el testimonio de testigos presenciales o de personas involucradas en los hechos.

Y un dato previo: entre 1.967 y 1.975 se decretaron seis estados de excepción. Los de enero del 69 y diciembre del 70, de tres meses de duración, afectaron a todo el territorio del Estado; los restantes “sólo” a las provincias que, tras la victoria franquista, fueron declaradas oficialmente, “provincias traidoras”, Vizcaya y Guipúzcoa. (Vaya entre paréntesis que quien esto escribe es natural de una de estas “provincias traidoras”, Guipúzcoa, denominación que siempre me ha parecido magnífica).

 En 1.969, durante una manifestación de vecinos de la localidad vizcaína de Erandio. La Policía Armada cargó y disparó a mansalva. Resultado, dos manifestantes muertos. Se llamaban Fernando Elorriaga y Jesús Murueta.

 Fernando Elorriaga  - Jesús Murueta.

También en 1.969 fue asesinado por la Brigada Político-Social de Madrid el estudiante Enrique Ruano. Lo arrojaron por una ventana. Versión oficial: se arrojó él mismo.

Enrique Ruano

Pocos meses después, ya en 1.970, durante una huelga de la construcción, en Granada, fueron ametrallados y muertos por la policía tres trabajadores: Manuel Sánchez, Antonio Cristóbal y Antonio Huertas.

Manuel Sánchez, Antonio Cristóbal y Antonio Huertas.

En septiembre de 1.971, en Madrid, un miembro de CCOO de la construcción reparte pacíficamente octavillas llamando al paro. Le descubre una pareja de la Guardia Civil, le da el alto, uno de los miembros de la pareja le dispara por la espalda y lo mata. Así de sencillo. No pasa nada. Nunca pasa nada.

Recuerdo particularmente este hecho porque la misma mañana, todos los militantes de todas las organizaciones clandestinas recibimos la noticia conmocionados. Todos tuvimos el tan vulgar como dramático pensamiento de que podía habernos pasado a cualquiera y de que, cualquier día o a cualquier hora, también podía pasarnos a cualquiera.

Apenas transcurre un mes, estamos en octubre del 71 y, en efecto, le sucede lo mismo a cualquiera; esta vez a Antonio Ruiz Villalba trabajador de la SEAT. Formaba parte de una manifestación con sus compañeros de plantilla, cuando la Policía Armada recibió la orden de disparar. Además del muerto, hubo varios heridos de bala y numerosas detenciones.

Antonio Ruiz Villalba

En marzo del 72 se desencadena una huelga general en Ferrol. En la Bazán, el día 10, se producen varias cargas policiales especialmente duras. Se acorrala a un numeroso grupo de obreros, se les apalea y se les ametralla sin piedad. Esta vez los muertos son dos, Daniel Niebla y Amador Rey. Dieciséis heridos de bala y cinco apaleados tuvieron que ser hospitalizados. La policía detuvo e interrogó con sus métodos habituales a ciento una personas. Por estos hechos hubo 23 procesados, todos obreros; diez fueron condenados, en juicio celebrado en julio de 1.975, a penas de uno a siete años de prisión. Ningún policía fue ni siquiera amonestado; se daban ordenes y se obedecían.

Daniel Niebla y Amador Rey

El 16 de marzo del mismo año muere ametrallado en Elizondo (Navarra) Juan Goikoetxea.

Juan Goikoetxea

El 12 de septiembre son abatidos a tiros Mikel Hernández, en la casa donde dormía, y Benito Múgica Zumeta, cuando se entregaba sin ofrecer resistencia.

Mikel Hernández y Benito Múgica Zumeta

El 4 de diciembre, otros dos muertos: José María Fuentes, estudiante, en Santiago de Compostela a manos de la BPS y José Luis Aranguren, a manos de la Guardia Civil, en Urdax.

José María Fuentes y José Luis Aranguren

En 1.973, el goteo mortal continúa. El 3 de abril un obrero de Sant Adrià del Besòs, Manuel Fernández Márquez cae muerto al ametrallar la Guardia Civil una manifestación de trabajadores; otro, Serafín Villegas Jiménez cae herido grave con una bala en la clavícula. Son trabajadores de la Central térmica del Besós: 56 horas de trabajo semanal y contratos firmados en blanco.

Manuel Fernández Márquez Serafín Villegas Jiménez

El 19 del mismo mes, la BPS acribilla, en una emboscada en Algorta a Eustakio Mendizábal, “Txikía”, dirigente de ETA. Se cuenta que el tiro de gracia lo recibió esposado.

Eustakio Mendizábal

El 17 de septiembre es detenido en Reus por la Guardia Civil un joven obrero de la construcción llamado Cipriano Martos. Morirá bajo la tortura. Los agentes le hicieron beber dos veces consecutivas el contenido de varios cócteles molotov. La prensa española ocultó por completo el hecho. Una nota del diario francés “Le Monde” lo dio a conocer.

Cipriano Martos

También en septiembre, el 25, fue detenido Salvador Puig Antich. En la detención se produjo un enfrentamiento cuerpo a cuerpo y se hicieron varios disparos a consecuencia de los cuales un miembro de la BPS resultó muerto. Según la policía, los disparos que en tal confusión acabaron con el policía fueron hechos por Puig Antich. Sin más pruebas que la versión policial, claramente falsa en maás de un extremo, Puig Antich fue condenado a muerte.

Salvador Puig Antich

El 28 de noviembre fueron acribillados a balazos por la Guardia Civil, en las calles de Bilbao, José Etxebarria y José Pagazaurtundua.

José Etxebarria y José Pagazaurtundua

El 6 de diciembre, cae bajo las balas policiales Josu Arteche, en San Sebastián.

Josu Arteche

El 20 de diciembre voló en dirección al cielo, como corresponde a un buen católico, Carrero Blanco. El mismo día, por la noche, unos policías de la Brigada Política dispararon en Madrid contra un muchacho que, vaya usted a saber por qué, les resultó sospechoso. El joven resultó muerto. Se llamaba Pedro Barrios, era camarero y jamás supo por qué le dispararon. Ni él ni nadie. Jamás hubo ni siquiera una “versión oficial”.

Pedro Barrios

En el proceso 1.001 contra los dirigentes de CCOO que se desarrolló por las mismas fechas, se dictaron 162 años de cárcel.

El 4 de enero de 1.974 presta juramento un nuevo gobierno, presidido por Arias Navarro, un especialista en la represión, fiscal militar de Málaga durante la guerra y tras la caída de dicha ciudad en manos de los fascistas. Allí se ganó el sobrenombre de “El Carnicero”. De 1.957 a 1.965 fue Director General de Seguridad y con el gobierno de Carrero Blanco llegó a Ministro de la Gobernación. Un hombre, pues, con las manos llenas de sangre.

El 12 de febrero en un sonado discurso, el personaje con tal historial promete apertura.

El 19 del mismo mes se reanuda la cuenta de sangre. Francisco Madrigal, joven trabajador, distribuye octavillas en San Sebastián de los Reyes (Madrid). La Guardia Civil le da el alto y le conmina a que recoja la propaganda que ha dejado en el suelo. Se niega y la negativa le cuesta la vida. Varios disparos acaban con el muchacho.

 Francisco Madrigal

El dos de marzo es ejecutado en el patio de la cárcel Modelo de Barcelona, mediante garrote vil, el anarquista Puig Antich. Eran las 9,45. Poco antes, en la prisión de Tarragona, moría por el mismo procedimiento Heinz Chez, acusado de haber dado muerte, en un enfrentamiento, a un miembro de la Guardia Civil.

Puig Antich y Heinz Chez

Guardo un recuerdo particular de las movilizaciones de aquéllos días, muy minoritarias en Madrid, por desgracia, y de la sorda indignación que nos embargaba a todos. Por entonces, yo era el responsable del Comité de Madrid del PCE (m-l) y me tocó escribir el texto de condena del asesinato de Puig Antich, una breve octavilla de la que se distribuyeron varios millares.

Fueron las primeras piedras del llamado “espíritu del doce de febrero” y un adelanto de lo que vendría. Se deseaba y se pretendía la apertura, pero se la deseaba a la medida de los intereses y del talante evolucionista del propio franquismo. Para ello, se hacía preciso eliminar de la escena política a quienes podían hacer peligrar la integridad de sus intereses y el diseño transicional que se estaba fraguando a través de los contactos ya iniciados con el pactismo del PCE, PSOE y grupos nacionalistas de Euskadi y Cataluña. Escarmentar a sangre y fuego a los sectores organizados  más combativos de la izquierda y a los sectores sociales más susceptibles de apoyarles era la consigna represiva del momento y lo seguiría siendo aun tras la muerte de Franco y a lo largo de toda la transición. Se trataba de ir despejando el terreno para el asentamiento y consolidación de las instituciones que sucederían al dictador, la Monarquía y la Constitución monárquica del 78.

El 26 de marzo un estudiante donostiarra, Francisco Lozano López muere a manos de la BPS.

Francisco Lozano López

El 20 de mayo mueren por disparos de la Guardia Civil en Fuenterrabía, Roque Méndez Villalba y José Luis Mondragón.

Roque Méndez Villalba y José Luis Mondragón.

El verano del 74 fue, así lo recuerdo, particularmente caluroso, sobre todo en Madrid, y en las organizaciones antifascistas no tuvimos vacaciones: la temperatura política no se quedó atrás. Franco cae enfermo, el príncipe Juan Carlos se ensaya como jefe del Estado en funciones y se crea la Junta Democrática con el PCE y algunos amigos circunstanciales.

El 11 de julio la Guardia Civil mata a tiros en Las Palmas de Gran Canaria a María Dolores Rodríguez Betancourt. El 19 de agosto, el mismo cuerpo mata a una turista en un control de carreteras. La noticia no aparece en la prensa.

María Dolores Rodríguez Betancourt

Uno de agosto. Carmona, pueblo de la provincia de Sevilla, se ha quedado sin agua. Una manifestación de vecinos sale a la calle e invade la carretera. Pide agua, claro está. Pero la Guardia Civil tiene una monocorde respuesta para todo: la manifestación es tiroteada y muere un vecino, Miguel Roldán Zafra. Nunca nadie recibió tanto por pedir tan poco.

Miguel Roldán Zafra

El 11 de septiembre Urcelay Imaz muere igualmente a manos de la Guardia Civil en Bilbao.

Urcelay Imaz

El 13 de septiembre un oscuro atentado revienta la cafetería Rolando, de Madrid, junto a la Dirección General de seguridad. La policía había alertado a los suyos de no frecuentarla por esas fechas. Tras varios días de confusas informaciones por parte de la BPS, se tira por el camino más fácil: ha sido ETA. El 20 de octubre, ETA lo desmiente. A saber… El saldo, 11 muertos.

El 30 de octubre la Guardia Civil continua su andadura y mata a tiros en San Sebastián a Ignacio Iparraguirre Aseguinolaza.

Ignacio Iparraguirre Aseguinolaza

El 18 de diciembre muere igualmente a tiros e igualmente a manos de la Guardia Civil Mikel Salegui; lugar, Rekalde.

   Mikel Salegui

1.974 se despide bien servido. Durante el último trimestre fueron detenidas 1.309 personas: 478 en octubre; 197 en noviembre y 634 en diciembre. El Tribunal de Orden Público (TOP) incoó durante este año 2.382 causas, 217 mas que en el 73.

Y una pincelada más: en 1.974 han emigrado de España, por motivos de sobrevivencia económica, 141.6651 personas.

Todo augura un 1.975 extremadamente complicado.

El 20 de enero La Guardia Civil mata a tiros a Víctor Pérez Elexpe, militante del PCE(i). Su delito: repartir propaganda de su partido en Santurce.

Víctor Pérez Elexpe

En enero se detuvieron en toda España 600 personas, de ellas, 120 en Cataluña. (Manejamos, a no ser que indiquemos otra cosa, cifras oficiales y la contabilidad de los hechos reseñados por la prensa; ambas fuentes pueden considerarse poco fiables, en el sentido de que ocultaban en unos casos y reducían en otros gran parte de los hechos relacionados con la represión).

En febrero, los detenidos superan los 400, entre ellos, el comandante de estado Mayor Julio Busquets. Se atacan a tiros y con cócteles molotov librerías de Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, Granada,… Participan en los ataques los consabidos grupos de extrema derecha así como miembros de las fuerzas de seguridad del Estado vestidos de civiles.

El 1 de febrero fue herido de gravedad por los disparos de un policía de la BPS el joven Carlos Urritz Geli, del PCE(m-l), junto al metro de Santa Eulalia, de Barcelona. Su delito, el mismo que Pérez Elexpe: repartía el periódico de su organización.

El 5 de febrero muere en un hospital de Barcelona, a consecuencia de las torturas infringidas por la BPS, Pedro Mora León, militante independentista.

Pedro Mora León

Tras el consejo de ministros del 8 de marzo, el titular de Información, León Herrera Esteban declara que, por el momento no se cree necesario acudir al estado de excepción”. Al parecer, las fuerzas de seguridad del estado ya mataban lo suficiente.

Sin embargo, poco más de un mes después, los hechos desmienten al ministro. Con fecha del 25 de abril, un decreto firmado por Franco y el ministro de la Gobernación, José García Hernández, establece el estado de excepción durante tres meses en Vizcaya y Guipúzcoa.

Justo la víspera de la firma del decreto la Guardia Civil dio muerte a tiros a Mikel Gardoqui Azpiroz.

Mikel Gardoqui Azpiroz

Durante estos días, en Galicia, están en huelga los trabajadores de FENOSA. El 1 de mayo, dos organizaciones de izquierda, el FRAP y la LCR convocan una manifestación en las cercanías de los bloques donde viven muchos de los obreros de la citada empresa.

Unas cien personas recorren la zona repartiendo propaganda y lanzando consignas de apoyo a los huelguistas. Entre ellas, está José Humberto Baena, uno de los jóvenes que cinco meses después sería fusilado en Madrid. Se había unido al FRAP a principios de 1.974.

José Humberto Baena

José Luis Sánchez Bravo, otro de los fusilados, también de Vigo, al igual que Baena, no pudo asistir a la manifestación por encontrarse huido. La persecución policial le había hecho refugiarse primero en Santiago de Compostela y luego en Madrid.

José Luis Sánchez Bravo

Mientras la manifestación se desarrollaba sin incidentes, aunque en estado de alerta a la espera de la aparición de las fuerzas de seguridad, desde un balcón, un guardia civil apellidado Sanfiz se dedicó a hacer puntería y disparar sobre los manifestantes. Un obrero de FENOSA, Manuel Montenegro, que contemplaba la manifestación desde la acera, fue alcanzado por las balas. Murió en el acto.

Manuel Montenegro

Minutos después, una dotación de inapreciable cuerpo al mando de un capitán rescató a Sanfiz de las iras de manifestantes y vecinos. Se dijo, para calmar los ánimos, que había sido detenido, lo que resultó descaradamente falso. De hecho, la policía desató una fuerte ofensiva contra el FRAP, lo que obligó a Baena a abandonar Vigo y marchar a Madrid.

El 20 de mayo, la Guardia Civil perpetra una masacre en Guernica, asesinando a tiros a tres personas: Jesús Markiegi, de veinte años, y el matrimonio formado por Blanca Saralegui Allende, de cuarenta y dos e Ignacio Garay Lejarreta, de cincuenta y tres.

Jesús Markiegi, Blanca Saralegui Allende e Ignacio Garay Lejarreta

Como dato adicional a esta tenebrosa lista de sangre señalemos que, entre octubre del 74 y mayo del 75 se produjeron 80 secuestros de periódicos y revistas de todo tipo.

El 9 de mayo, el ministro de Información León Herrera se reunió con nueve directores de periódico de ámbito nacional para dictarles una serie de normas de comportamiento informativo en la situación de estado de excepción, entre otras: “no criticar al Jefe del Estado, al Príncipe Juan Carlos o al Presidente del Gobierno”. Se restringió igualmente la información sobre la actividad de las Fuerzas de Seguridad del Estado.

En poco mas de un mes, de marzo a primeros de mayo, los detenidos en todo el país sumaron, si nos guiamos por las informaciones periodísticas, siempre muy parciales, unos 700.

Un cálculo más pormenorizado podría elevar la cifra a, más o menos, 1.300, para superar los 2.000 en los siguientes cuarenta y cinco días.

En junio-julio fueron internados en la plaza de toros de Bilbao 125 detenidos, al no haber espacio en las comisarías.

Desde el final de la guerra con la victoria fascista y los primeros años cuarenta,  no se habían utilizado las plazas de toros para encerrar a los detenidos.

Euskadi tuvo el privilegio de reverdecer las nostalgias criminales de un régimen más igual a sí mismo treinta y seis años después de haberse establecido de lo que muchos pretendían. Pero es que o que se jugaba en el 75 ya no era quién, cómo y en qué condiciones ganaría una guerra, sino quién, cómo y en qué condiciones ganaría la transición

El 24 de mayo el estudiante Luis Arriola, de diecisiete años, fue detenido en Ondarroa y conducido al cuartel de la Guardia Civil. Motivo: formaba parte de un grupo de muchachos que se paseaban cantando en vasco. En el cuartel le pegaron un tiro y murió. La prensa guardó el más absoluto silencio.

Luis Arriola

El 28 del mismo mes, una ciudadana alemana, Felicitas Mara Alesandra murió en un control de carreteras a manos de la Guardia Civil.

Felicitas Mara Alesandra

 

El mismo cuerpo de Seguridad mató a un niño de trece años en otro control de carreteras. La prensa, en silencio. El estado de excepción era para algo.

Alfredo San Sebastián, de veinticuatro años fue asesinado en Guipúzcoa el 15 de junio, igualmente por la Guardia Civil

Alfredo San Sebastián

IMPUNIDAD BLINDADA PARA LOS ASESINOS

Pues señor, tal era el panorama que se sufría en aquélla España de agonizante dictadura. En un régimen ilegítimo e ilegal, los asesinatos de Estado no son asesinatos legales, son, simplemente, asesinatos. Y los asesinos, pueden ser cualquier miembro de cualquier cuerpo de Seguridad del Estado que, simplemente, obedece órdenes de sus superiores sin cuestionarse absolutamente nada mas.

En consecuencia, en todos los casos consignados hasta aquí, por no hablar de las torturas y apaleamientos callejeros, jamás los responsables directos de los crímenes, ni quienes impartieron las ordenes, tuvieron que comparecer ante un juez. Si alguno lo hizo, la magistratura española de la época estaba lo suficientemente corrompida y sometida al gobierno y a los poderes policiales, como para que nunca llegase a aclararse nada.

La impunidad era completa, blindada, garantizada. Cualquier policía o guardia civil, cualquier miembro de la BPS, cualquiera que para ganarse la vida elegía vestirse un uniforme y colocarse un arma al cinto, se sentía plenamente respaldado para disparar y matar o para apalear y torturar a sus conciudadanos. Este tipo de hechos, además, solía ser motivo de promoción profesional.

Para cualquier persona honesta y políticamente lúcida, para cualquier militante de una organización antifascista, cuando un miembro de los cuerpos de Seguridad del Estado torturaba o mataba, eran todos los que torturaban o mataban, ya que ninguno se rebeló a tales ordenes, todos obedecieron y cobraron sus salarios y sus primas por obedecer. De la misma manera, cuando un joven o un trabajador era asesinado o torturado, todos nos sentíamos concernidos, porque sabíamos que, en un momento u otro, podía tocarnos el turno.

Texto completo : La capacidad para hacer que las cosas no existan

 

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