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Marcha negra en contra del ajuste en España

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Al cumplirse un año de la tercera marcha negra, las mujeres del carbón volvieron a manifestarse en Madrid. Imagen: Ana Miranda, Periodismo Digno
Al cumplirse un año de la tercera marcha negra, las mujeres del carbón volvieron a manifestarse en Madrid.
Imagen: Ana Miranda, Periodismo Digno

Madres, hermanas, hijas y compañeras de vida de los mineros españoles se movilizaron ayer a Madrid. Al cumplirse un año de la tercera marcha negra, paralizaron las principales calles de la ciudad para protestar contra los recortes del gobierno de Mariano Rajoy y el posible cierre de entre 14 y 18 yacimientos carboníferos. Un centenar de ellas viajó en autobús desde Aragón, Asturias y León. Con los puños en alto, enfundadas en camisetas negras, caminaron detrás de una bandera blanca con la consigna “Mujeres del carbón. Unión y lucha con las comarcas mineras. ¡Sin reblar! ¡Alienda!”. A su paso, la procesión fue saludada por otros manifestantes al grito de “Aquí están, estas son, las mujeres del carbón” y “Madrid, entero, se siente minero”. La protesta terminó su recorrido en la Puerta del Sol entonando las estrofas de “Santa Bárbara bendita”, el himno minero.

En un comunicado difundido horas antes de la marcha, las mujeres convocaban “al pueblo, a la clase obrera de este país a que se unan a nosotras en este largo camino que es la defensa de nuestros derechos más básicos”. Página/12 conversó vía Skype con dos referentes del colectivo minero (http://bit.ly/13hRCRA). Eva Martínez González (24 años) vive en Pola de Laviana, en la cuenca del Valle de Nalón. Su familia, como otras asturianas, está vinculada con la explotación del carbón. Hace un año que investiga el movimiento originado por las mujeres del carbón; eso la empujó a participar en las manifestaciones. Asegura que el Partido Popular intenta destruir la industria principal de Asturias –sobre todo en la zona central y oriental– y que le da igual que se trate de una lucha minera o naval. “El gobierno provoca acontecimientos que desembocan en un conflicto de clases. Yo pertenezco a la clase que está siendo atacada, es una lucha por mi futuro”, afirma la historiadora de la Universidad de Oviedo.

Laviana es un municipio de 17 mil habitantes. Desde el panadero hasta los transportistas viven de la minería. Con la caída del empleo y la desertificación de las cuencas, la red de comercios está destinada a desaparecer. En el pozo Carrio, único yacimiento carbonífero de la región, trabajan cerca de 600 obreros contratados por la estatal Hunosa, con sueldos que rondan los 1200 euros (el salario desciende a los 900 euros en las empresas subcontratistas privadas). Desde el 2010, los trabajadores perciben sus haberes de forma inconstante. Hubo meses que no recibieron aportes en la seguridad social.

La inestable situación laboral encendió la bronca de los mineros en 2012, cuando el Grupo Especial de Operaciones fue enviado a desalojar los piquetes levantados cerca del pozo Carrio. “El GEO disparó pelotas de goma que por dentro llevaban hierro”, denuncia Martínez González. En junio de ese año, a pocos kilómetros de Pola de Laviana, cerca del pozo Sotón, un policía sin identificación disparó pelotas de goma al cuerpo de los pobladores que animaban a los mineros. Las identificaciones en la calle fueron otra constante. “Te decían: ‘Sabemos quién eres, hacia dónde te movilizas’. Te echaban de lugares públicos con el objetivo de convertirte en una amenaza”, reconstruye la historiadora.

El 17 de junio de 2012, las mujeres del carbón fueron invitadas al Parlamento español. Antes de acceder al recinto fueron desnudadas detrás de un biombo y registradas por los guardias de seguridad. “Muchas me contaban que a otra gente no se lo hacían. No sé si piensan que por ser mujeres de mineros son terroristas, que no lo son en absoluto porque están defendiendo su futuro y el de sus hijos”, sostiene Martínez González. Ese día, los legisladores españoles aprobaron en la Cámara alta, por 157 votos a favor y 97 en contra, una poda del 64 por ciento de la ayuda estatal a la minería. Los sindicatos estiman que con el cierre de los yacimientos carboníferos se perderán entre treinta mil y cincuenta mil empleos directos o indirectos.

El minero español fue caricaturizado, a fines de los ’90, como una persona que mataba el tiempo en el bar, siempre borracho: se lo culpaba de llevar una buena vida. Al respecto, la especialista en género, diversidad e historia del feminismo señala: “En Asturias estaba la idea del minero que cobraba un dinero que no le pertenecía y que se había transformado en un burgués, cosa para nada cierta”. En su opinión, ese perfil se construyó como estrategia para quebrar al colectivo obrero. Después de un año y medio, sostiene Martínez González, la adhesión de la sociedad a las reivindicaciones del sector aumentó. Atribuye ese cambio a la lucha incansable de las mujeres del carbón, muy activas en las redes sociales. “Queremos que la gente sepa que nos están quitando el trabajo, la comida y está mermando el futuro de la juventud aquí”, agrega.

Nuria Díaz de Geras (39 años) está en el paro. Es nieta de mineros y vive en Ciñera de Gordón, provincia de León, donde la situación mejoró –dice– porque la empresa Hullera Vasco-Leonesa suspendió el ERE (expediente de regulación de empleo, autorización de las empresas españolas para cesantear o despedir trabajadores ante problemas económicos) y los obreros comenzaron a percibir el salario que les adeudaban desde diciembre. Sin embargo, destaca que la incertidumbre está en saber qué pasará en lo inmediato. Aunque es ingeniera de minas, nunca consiguió empleo en el yacimiento de su pueblo, “probablemente por ser mujer”, apunta. Advierte que Ciñera podría desaparecer si la mina cierra. “Quedaríamos cuatro jubilados y cuatro locos que nos gustaría vivir allí, nos quitarían los pocos servicios que tenemos: la tienda, el médico y el colegio, que todavía aguanta.”

Sin mayor actividad que la explotación carbonífera, Ciñera de Borgón se levanta como una zona dominada por montañas con suelos infértiles para el cultivo. Como especialista en el tema, Díaz de Geras asegura que la minería tiene futuro y que un país no puede depender energéticamente de otro. “Al día de hoy, la única energía que tiene España, hasta que las renovables no sean mejores, es el carbón. Y si acaban con el carbón, acaban con todo”, afirma. Cada vez que una revuelta obrera comenzó en país, la empezaron los mineros, destaca la mujer. Para ella, el trabajador del carbón es “gente de izquierda, luchadora, acostumbrada a morir debajo de la mina” y “no le importa morir encima”, sabe lo que es luchar por sus derechos.

Ese fervor llamó la atención de la prensa norteamericana. The Washington Post publicó el año pasado un video de los piquetes en las cuencas mineras (Striking miners battle austerity cuts in Spain, http://wapo.st/MHmi3C). Díaz de Geras recuerda momentos de tensión con la policía: “Los antidisturbios tiraban pelotas de goma contra el colegio, con los niños adentro. Ingresaron al pueblo, disparaban contra todo el mundo, les daba igual que fueran mujeres, niños, ancianos”. Además, señala que había mineros jubilados con silicosis (con problemas respiratorios) que se ahogaban al inhalar los gases lacrimógenos. Ella misma asistió a una de esas personas. “Tuve que meter a un señor mayor en mi casa, no sé cómo conseguimos salvarlo porque el hombre estaba medio ahogado. Lo que pasó en mi pueblo fue vergonzoso.” Las protestas comenzaron a fines de mayo y se desarrollaron hasta agosto de 2012.

Como sucede en Pola de Laviana, los 800 habitantes de Ciñera de Gordón dependen directa o indirectamente del carbón. “Mi madre tiene una peluquería y si la gente no trabaja, no va a peinarse”, afirma la ingeniera. Ante la falta de trabajo, ella y su marido –despedido de la mina Hullera Vasco-Leonesa– viajaron en mayo a Mallorca para trabajar como camareros en la temporada de verano. El viernes tomó un vuelo desde el archipiélago balear hacia Madrid para unirse a sus compañeras de mujeres del carbón, un colectivo de trabajadores que seguirá dando batalla para mantener las fuentes de trabajo.

 

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