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“La justicia, para ser justa y reparadora, tiene que llegar a tiempo”

Espacio Memoria

 

Web:  Espacio Memoria y DDHH (EX ESMA)

11 11 2013 | TESTIMONIOS

Diego Fernando Botto Alduncín

“La justicia, para ser justa y reparadora, tiene que llegar a tiempo”

Fueron las palabras de Juan Diego Botto, hijo de Diego Fernando Botto, detenido-desaparecido en la ESMA. Además, declaró María Cristina Botta, madre de Juan Diego y compañera de Diego.

El caso de Diego Fernando Botto Alduncín (835)

El testimonio de Juan Diego Botto Rota (videoconferencia desde España)

Tenía 27 años de edad y militaba en la Juventud Peronista. Entre el 20 y el 21 de marzo de 1977 fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. Fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecido.

“Lo que yo sé es que en la noche del 21 de marzo del ´77, aproximadamente a las nueve de la noche, mi padre llama por teléfono a mi madre para decirle que va para allá. Nosotros entonces vivíamos en Adrogué. Yo tenía 1 año y siete meses cuando mi padre desaparece. Mi padre sale de la casa de mi abuela, y esa llamada de teléfono es la última vez que mi madre habla con mi padre y que ve a su hijo. A las 23:30 mi madre llama a su suegra para preguntar por mi padre. Al día siguiente, empieza la búsqueda de mi padre. No va teniendo noticia y en el momento en que lo peor se convierte en probabilidad cercana, viaja a La Plata y presenta un hábeas corpus”, contó el testigo.

“En noviembre del ´78, mi madre se exilia en España con nosotros. Aquí también sigue haciendo cosas”, relató Juan Diego, y agregó: “Sé por el relato de mi madre que desde el 21 de marzo que desaparece mi padre hasta noviembre del ´78 que nos vamos, nos cambiamos 14 veces de casa. El primer recuerdo mío, personal, es el avión que nos trae de Buenos Aires a Madrid. No tengo recuerdos propios de mi padre, mi hermana mayor sí los tiene”. Juan Diego decidió contar los recuerdos de su hermana, María Florencia, quien tenía 3 años de edad: “En los meses posteriores a la desaparición de mi padre, se fijó una rutina de recordar el día en que había pasado lo de mi padre, todo eso me lo contaba, para que supiera que no era una ficción. Mi madre siempre nos contó que mi padre había desaparecido por motivos políticos. Siempre, en la infancia, tuve la sensación de que lo iba a encontrar. Para un niño, entender que una persona desaparece es muy difícil de imaginar.

H.I.J.O.S.

“En el 2003 viajo a Buenos Aires para tener más información sobre mi padre, hablar con gente que lo conoció. Mi padre era un actor que era políticamente activo, militante, y así me lo corroboraron los amigos con los que hablé, su profesor Agustín Alezzo. Entré en contacto con un organismo de derechos humanos que se llama H.I.J.O.S., eso en el 2003. Fue la primera vez que estaba rodeado de gente en la misma situación que yo. “Una característica del exilio es que te descontextualiza”, relató Juan Diego, y agregó que cuando cumplió 28 años de edad e “iba a ser mayor de lo que nunca fue mi padre, fue la primera vez que tomé conciencia de que ´desaparición´ es un eufemismo para englobar secuestro, posible tortura y asesinato. Sabía que mi padre estaba muerto, pero hasta ese entonces no había tomado conciencia de que mi padre había sido probablemente torturado en la ESMA”.

Testimonios  

Juan Diego contó que su madre escribió un libro: “Les diré que te recuerdo”, a modo de biografía de su padre. Además, dijo que “el otro día, hablando con mi madre respecto de la declaración de hoy, me dijo que si esto hubiese llegado hace 30 años, hubiese podido rehacer mi vida con cierta felicidad. La justicia, para ser justa y reparadora, tiene que llegar a tiempo”.

“He esperado mucho este momento. Posiblemente, pase toda mi vida pensando qué les diría a los responsables del secuestro, tortura y asesinato de mi padre, si hubiese un proceso. Su mayor derrota es que en todo el mundo hablar de los represores de la dictadura argentina es hablar de lo más ignominioso. Lo único que tengo ganas de decir es que mi madre está ahí, testificando. Mi hermana está en la sala de al lado, con mi mujer y mi hija. Estoy feliz de que esté mi madre afuera, a mi hija le inculco los valores de mi padre Fernando Botto y mi madre Cristina Rota, con muchísimo orgullo y alegría”, dijo para concluir.

El testimonio de María Cristina Rota Fernández (videoconferencia desde España)

“La noche que no volvió a casa, estábamos en una Quinta de Adrogué. Estábamos solos, con los niños, y a las once de la noche no había vuelto. Me había dicho que venía sobre las nueve. Llamé a su madre, que me dijo que había salido por ahí. A partir de allí, no apareció más”, contó la testigo. “Dadas las circunstancias, lo que nosotros sabíamos que estaba pasando, presenté un hábeas corpus en la Ciudad de La Plata, a la cual me trasladé al día siguiente con mis dos hijos. Me trasladé a Villa Elisa, casa de mi madre. Por eso al hábeas corpus lo puse en La Plata. Fue el primer trámite que hice. El segundo fue avisar a los padres y familia. Luego, donde estaban trabajando amigos, como Federico Luppi, entre otros, para preguntar si  lo habían visto o si tenían noticias de él”, agregó.

El silencio de la Iglesia

“Nadie tenía noticias de él, de manera que empecé a llamar a amigos por teléfono. Toda esa semana me dediqué a llamar a amigos por teléfono. Le pedí a su familia de Buenos Aires, a su madre que presentara un hábeas corpus en Buenos Aires. El segundo trámite que fui desarrollando fue averiguar todo mecanismo oficial y no oficial para encontrarlo. Sabiendo las cosas que estaban pasando, no era ajena, ni distraída, en cuanto a mis obligaciones sociales. Fue a la SIDE, estaba Grasselli en el Arzobispado de las Fuerzas Armadas, estaba por ahí, por Retiro, cerca del edificio Cóndor. Allí empecé a ir todos los viernes, todas las semanas, me tomaban declaración. Me hacían firmar ante un joven. El señor Grasselli negó que en Argentina hubiesen desaparecidos. Primero, fue muy agresivo, dijo que seguramente estaría con otra. Seguí yendo a la semana siguiente y la siguiente, hasta que un día me empezó a tratar mejor. Me citó en una dependencia de la Iglesia, una especie de colegio, me dijo que trabajaba allí. Me dijo que había hecho averiguaciones y que había detectado que estaba en Campo de Mayo, que estaba vivo y bien. A partir de allí, me pidió que no llamara más”, relató María Cristina.

“Después de eso le mandé una carta a Monseñor Tortolo. No recibí respuesta al principio, luego recibí una carta que decía que conservara la alegría y la esperanza”, sostuvo la testigo.

La ESMA  

“Por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), y gracias a todo este destape de cambio político en Argentina, los antropólogos toman declaraciones a alguna gente, entre ellos a Miguel Lauletta, quien dio testimonio de quien llamaban ´el actor´. (Diego) Era muy conocido por la tele y el teatro”, narró María Cristina, quien también contó que “todavía conservo su corbata, por si salía”.

Desaparecidos 

María Cristina dijo que Diego “siempre estuvo obsesionado con las desapariciones, con que había que devolverle al pueblo sus libertades. Le parecía horroroso lo que estaba pasando y se sentía muy culpable por pertenecer a una clase favorecida. Tomó contacto con gente peronista, con un grupo de actores. Hay tanto, es tan largo todo, que es lo único que creo que sirve como testimonio”.

“La gente desaparecía. Había casi obligación de callarse la boca. Iba desapareciendo gente. En la última serie de televisión, iba desapareciendo gente del elenco”, sostuvo la testigo, y agregó: “A los 15 días de desaparecer, recibí un llamado que me conmovió mucho, me destrozó. Lo llamó un actor muy famoso para trabajar en una obra”.

“Me hubiese gustado enterrar a mi muerto y a muchos otros muertos”, dijo para concluir.

Extradición Torturadores; Acto celebrado en Madrid por la Coordinadora estatal de apoyo a la querella argentina contra los crimenes del franquismo CEAQUA

Diego Fernando Botto Alduncín

 

 

 

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